Vivimos en un mundo de perfección
relativizada. En un mundo donde la marca de ropa indica quién eres, y cómo
eres. Dónde el móvil que tengas te defina como persona. Un mundo en el que la
persona más delgada es la más bella, y la más gorda es la única que no puede
tener espejos en su casa.
Vivimos en un mundo
en los que los hipócritas no son capaces de dejar de juzgar a los demás, para
juzgarse a ellos mismos. Un mundo de incomprendidos, de solitarios.
Vivimos en un mundo
en el que leer es cosa de tontos, y en el que beber y fumar hasta perder el
conocimiento, es cosa de sabios.
Vivimos en un mundo
en el que la palabra del que está a nuestro lado marca la diferencia; y yo, me
pregunto, ¿por qué coño pasa todo esto? A pregunta sencilla, respuesta fácil:
porque un cabrón como tú, aportó su granito de arena para crear un mundo lleno
de mierda.
Queridos amigos,
bienvenidos a Mierdópolis.